La noche es fría y silenciosa, casi mortuoria, como tantas veces antes. Hoy, solo unos cuantos hombres beben, para olvidar que son muy viejos, para olvidar que están muy enfermos, para, quizás, olvidar por un momento a sus hijos que tomaron las armas, y nunca volvieron. Las patatas picantes ya no están en el menú, nada está en el menú, en El Último Hogar no se viene a comer, se viene a contemplar como sus últimas hojas, pronto, caerán.

Una figura entra por el pórtico, ataviado con una pesada capa que evita que cualquier rayo de luz revele su ser, más allá de un inconfundible laúd en sus manos. Cuando una de sus manos se libera de las sombras de sus vestiduras se revela una mano delgada y frágil, que extiende una pieza de plata, acompañada de una petición: “Agua por favor, debo liberar mi garganta, que os contaré una historia. Espero esta moneda me otorgue su permiso”. La mujer en la barra, asiente.

La figura toma asiento en el banquillo más alto del lugar, toma su laúd y acaricia las cuerdas como los amantes se acarician los cabellos, y su voz comienza a viajar en la corriente de viento que entra por una de las ventanas rotas. No hay duda, es una elfa, ningún otro ser podría cantar así. La posada se llena con su lírica, que habla de un lugar distinto, que pudo ser, un lugar de naranjos y amarillos propios de una buena hoguera y de risas afables, un lugar que quizás, si prestáis atención, podrían conocer:

La Promesa de los Vallenwoods

Escuchad amigo, escuchad mi canción
que aquello que hoy lloramos, quizás no sucedió
que el valor siempre encuentra agua y calor
entre las hojas de un Vallenwood, más de un héroe nació.

Uno lejano, de las tierras alegres de grano dorado
de pies ligeros y mente sagaz
¿que secretos guarda su sangre, que regalo trae consigo?
el arte y el poder, nacido en la nueva era
en las manos curiosas, de un kender ensombrecido

Otro sin hogar, víctima de la furia, víctima de la guerra
su ojo certero, su lealtad incuestionable
en el regazo de Solace, su raza aún espera
el destino le muestra una luz, una misión
su deber para con los suyos, es buscar nueva tierra

Semielfo nacido en las copas de los árboles
hijo de distintos mundos, criado en cualquier parte
su corazón late, con deseos de fortuna
más sus fuerzas flaquean, su espíritu se derrumba
la oscuridad no perdona, al que intenta y no perdura.

Otro crece grande, con su rabia y brazo firme
de las praderas se alza orgulloso, el roble de su gente
cumplido su deber, los dioses lo llaman a su lado
en el cielo retumba un trueno, la voz del que nos ha dejado
su sacrificio no es en vano, pues a un pueblo ha inspirado.

De tierra de héroes, de leyenda y armadura
no solo brillan las espadas, las mentes tienen su fulgor
llamado a Solace, en busca de aventura
su papel en nuestra historia, ni después de sus días se vislumbra
la Torre guarda su destino, tras una puerta sin cerradura.

De ultramar llegó, minotauro portentoso, uno sin temor
su tradición de tiranía, el decide combatir
dos veces liberado, de sus compañeros protector
su corazón es su escudo, su valor su armadura
si el sacrificio es la respuesta, el sabrá cumplir

Hijo de la piedra, fraguado por su fe
De risa fácil, enano leal, de brazo poderoso, obra por Reorx
Mas su avaricia lo traiciona, compromete su labor
Servidor de los dioses, aun forjando su camino
Con un martillo no solo se trabajan metales, se forjan destinos.

Nacido en esta tierra, con sueños de grandeza y de leyenda
cabalga sin temor, bendito por un dios
Punta de lanza brillante, campeón y caballero
¿Que pensamientos os perturban? ¿Tu corazón esta de duelo?
Recoged vuestras armas, la última batalla es con tu celo.

Si pudiera conoceros, tan solo frente a mi tenerlos
si por las aguas del tiempo, escucháis mi canción
recordad mis palabras, compañeros, que hay mas de un color
aun podéis triunfar, todo llanto acallar
si tan solo al cruel destino, podemos burlar.

Que no os cuenten la historia secreta, entre fuego y metal
que no os digan que fallaron, cuando aun pueden pelear
atento forastero, de otro tiempo y lugar
escucha la promesa de los Vallenwoods
que de su nicho y más allá, la esperanza llegará

Con la última nota del laúd, despertáis, una vez más en Krynn, una vez más sobre los pastos de Ánsalon, aún verdes, aún creciendo, aún con tiempo.

Dragonlance: Lanzalongis

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